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CANINE PARVOVIRUS (Spanish)

 

INTRODUCCIÓN


Las primeras evidencias sobre la existencia de la enteritis viral, se remontan a finales de los años 70 en Estados Unidos. Al parecer, hacia 1978, la tasa de mortalidad de perros en criaderos repartidos por todo el país aumento considerablemente, teniendo en común una gran mayoría de los casos, los síntomas que se declaraban en el perro: vómitos y diarrea hemorrágica severa.

Las primeras investigaciones que se realizaron sobre la enfermedad concluyeron que la causa más probable era la asociación de partículas similares a parvovirus en materias fecales de animales enfermos y lesiones intestinales muy parecidas a las que se producían en los casos de panleucopenia felina.

Durante los dos años siguientes, se realizaron numerosos estudios que abordaban el tema. Todos ellos confirmaron que el origen de la enfermedad era un parvovirus, que en apenas dos años se había extendido por todo el territorio norteamericano. Poco después, aparecieron brotes importantes de la enfermedad en Canadá, Australia, Japón y diversos países europeos.

A principios de los años 80, se realizaron estudios a partir de muestras de sueros tomados de perros anteriores a 1978 en Estados Unidos, Japón y Nueva Zelanda, que descartaban la existencia de anticuerpos específicos contra el parvo virus. Sin embargo, paralelamente a esto, un grupo de investigadores belgas, realizaron el mismo estudio con muestras de perros recogidas entre junio de 1976 y junio de 1977 y confirmaron la existencia de anticuerpos. De igual forma, en México, se hallaron anticuerpos en perros de 1978, sin que, curiosamente, se desarrollase la enfermedad hasta 1980, año en que la mortandad en el país se disparó rápidamente.

Debido a la diversidad de resultados encontrados en zonas tan distantes, no se conoce aún el origen exacto de la enfermedad, si bien, si parece seria la teoría de que este parvo virus es el origen de las manifestaciones encontradas en perros con el síndrome gastroentérico y en cachorros que morían por muerte súbita, debido a una miocarditis no supurativa. En general, todos los investigadores, parecen estar de acuerdo con que el origen más probable de la enfermedad es una mutación producida en el virus de la panleucopenia felina o bien en el virus de la enteritis viral.

 

INCIDENCIOLOGÍA


La capacidad que tiene el parvovirus canino de desarrollar la enfermedad, se reduce únicamente a los canidos. Se han encontrado indicios de la enfermedad en perros domésticos, lobos, coyotes y zorros.

Algunas teorías, manifiestan la posibilidad de que el virus, también afecte a la especie felina. Sin embargo, el desarrollo de la enfermedad, se reduce a una infección mucho menos grave que la de los canidos, resolviéndose en unos pocos días con un resultado favorable.

 

ETIOLOGÍA


El agente causal de la gastroenteritis viral de los canidos es miembro de la familia Parvoviridae. Los parvovirus se han aislado a partir de numerosos huéspedes vertebrados como son: bovinos, porcinos, perros, conejos, gansos, gatos y posiblemente hamsters y ratas.

Estos agentes son isométricos, no poseen envoltura y poseen una cadena sencilla de DNA. Son virus resistentes al éter, al cloroformo, al calor y a los ácidos.

Todos los parvovirus se replican en el núcleo de las células durante ciertas fases en el ciclo de división de las mismas. A diferencia de los virus adenoasociados, pertenecientes también a la familia Parvoviridae, los miembros de del genero parvovirus se conocen como virus autónomos, porque logran completar su ciclo de replicación sin la ayuda de virus auxiliares, aun cuando ello depende de algunos factores celulares que se expresan durante ciertas fases del ciclo de la célula infectada.

La familia Parvoviridae se conoce desde 1950 y se encuentra asociada frecuentemente a tumores, si bien, no se ha podido demostrar que sean agentes oncogénicos. Más bien, se contempla la posibilidad de que aparecen a la vez que los tumores, debido a que las condiciones de replicación son las más favorables, razón por la que los perros cachorros son la ventana de edades más afectada por la enfermedad.

En la actualidad, se acepta que existen dos tipo s de parvovirus canino, antigénicamente diferentes: uno de ellos apatógeno, conocido como MVC o parvovirus canino tipo 1 y, otro patógeno, llamado parvovirus tipo 2 (PVC).

El tipo 2, resulta antigénicamente indiferenciable del virus responsable de la panleucopenia felina, lo que propició el establecimiento de estrategias de inmunización de perros, con vacunas preparadas con virus de la panleucopenia felina, poco tiempo después de que se identificase la enfermedad.

El agente es sumamente resistente a los cambios bruscos de temperatura y pH, además de resistir a la acción de los desinfectantes más comunes, o lo que las infecciones se diseminan con facilidad, persistiendo por tiempo prolongado en áreas contaminadas. Sin embargo, son sensibles a la acción del formol en concentración de 1:30.

 

EPIDEMIOLOGÍA


En la incidencia en perros, no es fácil determinar el porcentaje de afectados, ya que depende de diversos factores como pueden ser los planes de vacunación, el entorno en el que vive el perro, la incidencia en la zona…Lo que sí es importante reseñar, es que a pesar de ser una enfermedad con una tasa de mortalidad elevada, los perros que son tratados adecuadamente nada más manifestarse los primeros síntomas de la enfermedad, se recuperan totalmente en un porcentaje de un 75-85%.

La ventana de edades a la que afecta la enfermedad, se centra principalmente en perros cachorros de menos de 16 semanas de vida, pudiendo desarrollarse bien como miocarditis (cachorros con menos de 4 semanas de vida) o bien como síndrome gastroentérico (entre 4 y 16 semanas), siendo este último el más común.

Los perros adultos, no se ven afectados en más de un 2-3%, siendo el índice de mortalidad muy reducido si los planes de vacunación son correctos.

 

TRANSMISIÓN Y PATOGÉNIA


La principal vía de infección es oral. Se han publicado numerosos estudios que demuestran que la exposición por vía oral de perros susceptibles con materia fecal contaminada, o bien con filtrados de cultivos de tejido conteniendo parvovirus, da como resultado un cuadro clínico característico.

A pesar de la abundante información referente a la reproducción experimental de la enfermedad, aun no se conoce el origen de la misma ni si la infección natural puede ocurrir por otras vías diferentes a la oral, a la vez que se desconoce también la dosis mínima infecciosa.

Los perros infectados eliminan el virus en las heces, habiéndose demostrado que durante la fase aguda de enfermedad se llegan a alcanzar valores de hasta 109  viriones infecciosos por gramo de materia fecal. Es probable que durante la fase de viremia el virus sea eliminado también en algunas secreciones.

La eliminación del virus en las heces de perros infectados ocurre durante aproximadamente dos semanas, a partir del tercer día posterior a la infección experimental por vía oral; en algunos casos puede prolongarse la fase de eliminación hasta 25 días después de que ha ocurrido la infección, de manera que la amplia diseminación de la enfermedad parece deberse más al hecho de que el virus es sumamente resistente a factores ambientales, que a la diseminación por perros crónicamente infectados. Un investigador demostró que el virus es capaz de aguantar a temperatura ambiente durante 6 meses.

El parvovirus canino posee una actividad linfocitotrópica, de manera que al entrar en el organismo tiende a invadir tejido linfoide. La mayoría de los investigadores concuerdan que los primeros sitios de replicación son los tejidos linfoides de la región bucofaríngea y los ganglios linfáticos mesentéricos. Posteriormente la infección se generaliza a consecuencia de una fase de viremia. Es entonces cuando el virus está presente en casi todos los tejidos, incluyendo a las células del epitelio intestinal.

Los signos clínicos suelen aparecer poco tiempo después de que se ha iniciado la eliminación del virus en las heces y el número de este agente en materia fecal se va incrementando durante los 2 ó 3 días siguientes a su aparición, lo que coincide con los días en que el animal presenta en cuadro clínico más evidente. A partir del octavo día, la cantidad de virus presente en las heces empieza a declinar, desapareciendo a partir de la segunda semana posterior a la infección.

 

SIGNOS CLINICOS


La infección por parvovirus puede darse de dos formas:

Forma entérica

Este tipo, puede desarrollarse en perros de cualquier edad, siendo los signos clínicos más comunes el vómito y la diarrea hemorrágica en muchos casos de color grisáceo (se manifiesta entre las 6 y las 24 horas iniciales). Al inicio de la enfermedad hay depresión, anorexia y puede aparecer la fiebre (40-41ºC).

La diarrea provoca un cuadro de deshidratación severa en el perro, que es más frecuente en los casos en que la diarrea es hemorrágica. La principal causa de muerte, se da en los casos en que la diarrea es hemorrágica y suele estar asociada a estados severos de deshidratación.

Al realizar estudios hematológicos es probable encontrar signos de leucopenia, siendo en los casos más graves, la leucopenia más marcada.

Forma cardiaca

La edad más frecuente en la que se da este tipo es en cachorros de menos de 4 semanas de edad. Sin embargo, es posible que cachorros infectados a esta edad y que se recuperaron de la enfermedad, la vuelvan a desarrollar con 5 o más meses.

La tasa de mortalidad en este tipo ronda el 50% y los que se reponen, suelen presentar habitualmente problemas cardiacos. La muerte se produce a consecuencia de fallos en la conducción de impulsos nerviosos a nivel de miocardio.

 

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DIAGNÓSTICO


Debido a que las manifestaciones clínicas de la infección por parvovirus son muy variadas, no siempre es fácil hacer un diagnóstico correcto directamente, ya que es fácil confundir la enfermedad con otras como el coronavirus, el moquillo canino, hepatitis, gastroenteritis hemorrágica,…

Sin embargo, aunque en los primeros días de desarrollo de la enfermedad, suele ser complicado determinarla correctamente, a los pocos días de desarrollo resulta más sencillo debido al descarte de otros factores típicos de otras enfermedades como pueden ser los problemas respiratorios típicos del moquillo o la levedad de los síntomas asociados al coronavirus.

En cualquier caso, y debido a la virulencia de la enfermedad, lo más acertado es realizar test específicos, bien de sangre o bien de heces, en los primeros momentos, para así poder determinar la enfermedad y tratarla lo antes posible.

 

TRATAMIENTO


No existen medicamentos específicos que actúen en contra del parvovirus, por lo que el tratamiento que se recomienda, suele ser para contrarrestar los efectos de la deshidratación y evitar la aparición de infecciones secundarias causadas por bacterias.

Tan pronto como se detecta la enfermedad, es necesario administrar una terapia a base de líquidos por vía intravenosa (suero rico en K y Na), ya que los animales raramente ingieren algún tipo de comida o líquido durante la dolencia, a la vez que la ingesta de los mismos propicia la aparición de vómitos, por lo que hasta pasadas 24 horas del momento en que cesan los vómitos, deben ser eliminados por completo de la dieta.

La administración de antibióticos es necesaria para prevenir la aparición de infecciones secundarias, que surgen paralelamente a la leucopenia y que en un gran número de casos suponen la causa final de la muerte, como consecuencia de shock endotóxico.

Paralelamente a esto, se recomienda la administración de protectores gástricos e intestinales para ayudar a proteger el sistema digestivo, junto con fármacos que ayuden a disminuir los vómitos y la diarrea para así contrarrestar la posible deshidratación del perro.

Con la realización de hemogramas, se pondrá de manifiesto la necesidad de aportar algún otro tipo de elemento, como por ejemplo la albumina (generalmente muy baja en procesos de parvovirosis). En ocasiones, puede ser aconsejable realizar una transfusión de sangre de un perro sano al animal afectado con el objetivo de enriquecer su sangre en algunos parámetros como la albumina.

Existe un tratamiento novedoso con Interferón-omega felino que puede ejercer un efecto terapéutico importante en perros con parvovirosis canina mediante la mejora de los signos clínicos y reduciendo la mortalidad. Sin embargo, es un tratamiento caro y con él no se asegura la supervivencia del animal.

En la mayoría de los casos clínicos, se constata que la recuperación de los perros con parvovirosis ocurre entre los 5 y 10 días de tratamiento multidisciplinario. En los casos en los que el animal muere, el fallecimiento ocurre en las 24-48 h de instaurado el tratamiento.

 

PREVENCIÓN


En la actualidad se dispone de amplias gamas de vacunas efectivas para la prevención del parvovirus tipo 2, existiendo vacunas de virus inactivadas, que brindan una inmunidad a la infección de duración limitada, pudiendo quedar los perros protegidos durante varios meses y siendo necesaria la revacunación anualmente.

Sin embargo, cuando el perro es cachorro, recibe por parte de la madre defensas suficientes para hacer frente a la enfermedad hasta la semana 9 aproximadamente, momento en el cual los anticuerpos que posee son insuficientes para contrarrestar el virus.

Desde ese momento hasta aproximadamente la semana 14 es el momento más crítico para verse afectado por el parvovirus canino, ya que las defensas que posee, a pesar de no ser suficientes para atajar el virus sí que lo son para anular el efecto de la vacuna. No obstante, es necesario realizar una primera vacunación antes de la semana 9 para asegurar que pasado el momento en que las defensas transmitidas por la madre desaparecen, la vacuna es efectiva.

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Independientemente de la necesidad de un correcto plan de vacunación, es necesario mantener el ambiente en el que va a vivir el cachorro lo más limpio posible para evitar el posible contagio.

En caso de la existencia próxima de animales infectados, es necesario asegurar la imposibilidad de contacto entre ambos o bien entre las heces del animal infectado y el cachorro.

La transmisión de la enfermedad es por contacto directo entre la heces y el cachorro, lo que implica la necesidad de cuidar la higiene en ropa, calzado, utensilios que haya podido usar el perro afectado, lavar las manos para evitar posibles contagios…

 

 

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